Hoy cumplí con la última entrega de Que las trompetas anuncien salvación y la próxima semana continuará La Conquista de la Ciudad.
En estos días Árbol de Vida ha experimentado la muerte de un miembro suyo, un hombre muy querido y humilde que se caracterizó por su gran disposición al servicio.
Quiero darle gracias a Dios por la vida de un santo que ahora está en su presencia. Quería rendir un pequeño tributo a todos aquellos miembros de la Espada del Espíritu que ya llegaron a la presencia de Dios y gozan de lo que anhelaron toda su vida. Sé que es un momento de tristeza, pero atiendo al llamado de don Efraín Calderón a vivir también un sincero gozo sabiendo que la muerte no es el último paso para los cristianos, sino más bien el inicio de la mejor parte.
Que el Señor nos dé la gracia para perseverar como lo hizo don Marco y contemplar su rostro en la morada celestial.
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