22 de mayo de 2009

Que las trompetas anuncien salvación - Conclusión

Conclusión: ¡Que los cristianos anuncien la salvación!

Más atrás he comparado por un momento a las trompetas con los cristianos. Sin razón aparente, hemos sido escogidos por Dios para anunciar a todos su salvación. Cuando el Pregón llama a las trompetas a anunciar la salvación, ojalá recordemos que nosotros somos quienes debemos anunciar la salvación al mundo entero.
Mi deseo con este pequeño comentario es que podamos reflexionar tanto en la Pascua como en el hermoso texto del Pregón Pascual o Exultet que escuchamos cada año en la Vigilia Pascual. Invito a los que lean esto que oren con el Pregón durante la Pascua para poder convertirse en una de esas trompetas que anuncia la salvación. Invito también a reflexionar sobre el capítulo 15 de la Primera Carta a los Corintios, el primer testimonio de la Resurrección que tenemos y un texto lleno de riqueza espiritual.
Quiero terminar esta reflexión con una abrumadora exclamación de gozo pascual que concluye la cena cristiana de la Pascua que celebramos en La Espada del Espíritu; también se trata de un texto que debe ser orado más que simplemente leído; un texto que es digno de ser colocado al lado del Pregón Pascual y quizá algún día lo escuchemos cantado, tal vez en el cielo, cuando todos juntos celebremos el banquete eterno.

El alma de todos los seres vivientes bendecirá tu nombre, oh Señor Dios nuestro; el espíritu de toda carne por siempre adorará y exaltará tu nombre, oh rey nuestro. Aún si nuestra boca se llenara de cantos como el mar y nuestra lengua de cánticos como las olas y nuestros labios de alabanzas como los cielos, y nuestros ojos estuvieran llenos de luz como el sol y la luna, y nuestras manos extendidas como las alas de las águilas del cielo, y nuestros pies fueran veloces como los de las gacelas, aún así no podríamos darte gracias como es debido, oh Señor Dios nuestro y Dios de nuestros padres, ni podríamos alabar tu nombre una milésima parte o aún una diezmilésima parte de lo debido, por la gran bondad que has otorgado a nuestros padres y a nosotros.

Tú nos redimiste de Egipto, oh Señor Dios nuestro, y de la casa de servidumbre nos liberaste. En la escasez nos alimentaste, en la abundancia nos sustentaste, de la espada nos salvaste, de la peste nos libraste, de la grave enfermedad nos alejaste.

Por eso los miembros que has formado en nosotros, y el espíritu de vida que has soplado en nosotros y la lengua que has puesto en nuestra boca, todos te darán gracias, te alabarán, te ensalzarán, te glorificarán, te exaltarán, te adorarán, te santificarán y darán soberanía a tu nombre; porque toda boca te dará gracias, y toda lengua te rendirá homenaje; y toda rodilla se doblará ante ti, y todo ser viviente se inclinará ante ti; todos los corazones te reverenciarán, y todas las almas cantarán a tu nombre.

Tú eres Dios por el poder de tu fuerza, engrandecido por la gloria de tu nombre, omnipotente para siempre, e infundes temor por tus hazañas. Tú eres el Rey entronizado y exaltado en lo más sublime. Por la boca de los rectos serás alabado y por las palabras de los justos serás loado; por la lengua de los fieles serás exaltado, y en medio de los santos serás santificado.

Bendito seas, Señor, Rey exaltado en alabanzas.

Amén.

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