I. “Resuene este templo con las aclamaciones del pueblo…”
PRIMER MOMENTO: EL ANUNCIO DE LA ALEGRÍA
“¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae buenas nuevas,
que anuncia la salvación
que dice a Sión:
‘Ya reina tu Dios’!
¡Una voz! Tus vigías alzan la voz,
a una dan gritos de júbilo,
porque con sus propios ojos ven
el retorno del Señor a Sión.
Porrumpid a una en gritos de júbilo,
soledades de Jerusalén
porque ha consolado el Señor a su pueblo,
ha rescatado a Jerusalén.”
Isaías 52:7-9
En el capítulo 10 de la Carta a los romanos, San Pablo lanza una gran interrogante, una pregunta que no pierde vigencia: “Pero, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?” Es una pregunta que no puede dejar descansar nunca a la Iglesia, siempre que esa serie de preguntas esté viva, la Iglesia tendrá que responderlas; tendrá que ir a predicar, más aún, tendrá que enviar a obreros a predicar la Buena Noticia. Después de todo si los cristianos no anunciamos la salvación, entonces posiblemente nosotros mismos la perderemos.
¿Por qué comenzar así a hablar del primer momento? El Pregón Pascual comienza llamando a que se alegren los coros celestiales, que se alegre la tierra entera y también la Iglesia. El motivo de por qué alegrarse se explica un poco después de la invitación; pero, ¿cómo se va a alegrar la tierra entera si no se le anuncia la razón de su alegría?
Mi experiencia personal de proclamación del Pregón fue en la Semana Santa del 2007 en Guanacaste; en un pueblo al que fui enviado como misionero por la Iglesia. Cuando llegué, recordé el pasaje de Isaías, pasaje que debería llevarnos a anunciar siempre la salvación. La aclamación de Isaías 52 es un gesto que demuestra la inmensa sed que tiene el mundo por escuchar la buena nueva de salvación. Si no tuviera esa sed, ¿por qué le alegraría escucharla? Siempre que nos alegramos es porque ha ocurrido algo que queríamos que pase (aún cuando es sorpresivamente); si esto es así, entonces el motivo de la alegría en Isaías 52 es la espera que precedió el anuncio de la paz.
En respuesta a la pregunta de San Pablo, fui enviado a anunciar la salvación a un pueblo donde ya se conocía al Señor, pero (como en todos los lugares) era necesario recordar el acontecimiento pascual. Me pregunté al llegar al pueblo si mis pies serían bien recibidos allí, si se diría lo que dice el libro de Isaías en el capítulo 52. El domingo de Resurrección, cuando me iba, mi respuesta era un “sí”.
La alegría a la que invita el Pregón está precedida por una espera. Los cristianos esperamos con ansias el día en que celebramos la Pascua, nos preparamos durante cuarenta días para celebrar la fiesta; esto lo que hace es aumentar nuestro gozo. Un sacerdote dijo al iniciar la Cuaresma: “como vivas tu Cuaresma disfrutarás tu Pascua”. Así que la alegría del Pregón será más intensa si vivimos como debe ser la Pascua; así mismo, la Buena Noticia será bien acogida por la mucha sed que tienen los hombres de encontrar la felicidad. ¿Cómo será el Pregón Pascual de la Pascua Eterna? ¿Quién tendrá el privilegio de cantarlo? Cuando todo el pueblo santo entre en la gloria de su Señor, seguramente David entonará un himno de gloria, uno de sus salmos o un texto del Apocalipsis, o una proclamación reservada para ese momento sin igual.
Comienza el Pregón:
Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
No es sólo un símbolo y un instrumento usado a menudo en la Biblia, la trompeta ha recibido de Dios el privilegio de ser el más importante de los instrumentos. ¿Por qué digo esto? San Pablo nos responde en la primera carta a los corintios capítulo 15: “En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.” No puedo asegurar que el compositor del Pregón (cuyo origen es en realidad desconocido) hubiera asociado directamente la Resurrección de Cristo con el sonido de la trompeta como lo hace San Pablo, pero es fácil imaginarse que Dios sí lo hizo al inspirar el texto. Tampoco podemos dar una razón de por qué la trompeta es el instrumento elegido para anunciar la Resurrección, pero nosotros cabemos en la misma pregunta. ¿Por qué he sido elegido yo para anunciar el Evangelio? La respuesta siempre debería ser: … ¡sólo Dios sabe! Así como la trompeta es el instrumento privilegiado, también nosotros somos privilegiados por ser escogidos por el Señor para anunciar la Resurrección.
Lo importante en el llamado de Dios no es la razón sino la respuesta del hombre. Los modelos que tenemos de respuesta a Dios son Abraham y María, y ninguno de los dos pregunta ¿por qué yo? Cuando Moisés lo pregunta consigue que Dios se irrite un poco (al menos es la impresión que da); así, yo no debería nunca preguntarme por qué he sido escogido por Dios, simplemente, debería dejarme usar por Él. Así, cuando el Pregón proclama: “¡Que las trompetas anuncien la salvación!”, no deben las trompetas preguntarse ¿por qué? Simplemente deben hacerlo.
El primer momento del Exultet nos llama a la alegría; el nombre mismo del himno en latín es un llamado a llenarnos de regocijo. Parece que el mensajero de la salvación que el profeta exalta en Isaías 52 y que proclama ahora el Pregón sigue la fórmula utilizada por el ángel en el primer pregón del Nuevo Testamento: “¡Alégrate, llena de gracia!” Así también el Pregón invita no sólo a los ángeles sino también a la tierra entera a gozarse por el esplendor del Rey.
Con la Pascua llega para nosotros y para toda la creación la libertad de los hijos de Dios. El esplendor del Rey victorioso nos libera de la “tiniebla que cubría el mundo entero”. Cuando el Pregón llama a nuestra madre la Iglesia a alegrarse, se trata (claro está) de nosotros, los miembros del Cuerpo de Cristo. Ahora que nuestra Cabeza ha resucitado no podemos ya seguir en tristeza. Lo que la voz del Pregón espera es que la Iglesia (como lugar físico: “este templo” y como cuerpo místico “nuestra madre”) resuene con las aclamaciones de su pueblo.
Como ocurrió en la noche de Navidad cuando los ángeles cantaron frente a los pastorcillos, ahora también en la Pascua se unen los coros de los ángeles a los de los hombres. Es cierto, tal vez sólo los ángeles podrían cantar apropiadamente un himno de gloria para el Señor Resucitado; pero sólo los hombres conocen el gozo de ser redimidos por Cristo. Somos los hombres y no los ángeles los que hemos sido liberados del pecado y de la muerte, nadie como nosotros podrá gozarse en este momento de gloria en que resucita nuestro Señor.
Por eso es justo y también necesario aclamar no sólo con nuestras voces sino también con el corazón al Padre y a su único Hijo. A veces nos sentiremos mejor aclamando con el corazón pues muchos no tenemos voces angelicales, pero ¡tenemos que aclamar con la boca y el corazón esta victoria sin par! Que canten los ángeles, pero que los hombres no se queden callados porque nuestro gozo es el de los que hemos sido arrancados de las tinieblas y llevados a la luz.
“Por lo tanto es nuestro deber dar gracias y alabar con cantos y oraciones a Aquél que realizó todas estas maravillas a favor de nuestros padres y a favor de nosotros. Él nos trasladó de la esclavitud a la libertad, de la angustia al gozo, de la pena a la fiesta, de la oscuridad a su luz admirable. ¡Por eso, cantemos para él un cántico nuevo! ¡Alabemos al Señor!”[1]
1 comentario:
la trompeta ha recibido de Dios el privilegio de ser el más importante de los instrumentos!!! qué lindas palabras para una trompetista! jejeje. bueno... me maravillo de ver lo que hay detrás de un canto, de lo que hay detrás de la música en la vida de la Iglesia y me siento feliz por poder cantarle a mi Dios desde el fondo de mi corazón. Que lo que le doy no es suficiente, pero es todo lo que tengo, como el muchacho del evangelio de hoy. un abrazo!
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