17 de abril de 2009

Que las trompetas anuncien salvación - Introducción

Introducción

Voy a entrar en una de las piezas literarias más importantes de la liturgia de la Iglesia latina: el himno del Exultet o Pregón Pascual. Se trata de un texto de gran valor, no sólo literario, sino también espiritual y teológico; tal es su valor que no podríamos condensarlo en unas pocas páginas (mucho menos podría pretender yo abarcarlo).

El Pregón Pascual es un texto litúrgico de origen desconocido. “Parece que fue escrito en la Galia en el curso del siglo V.”[1] La enseñanza que recoge es esencialmente bíblica aunque tiene también la forma de un prefacio especialmente elaborado y se canta como parte de la Liturgia de la Luz en la Vigilia Pascual. Normalmente es proclamado acompañado de música por un diácono aunque a veces puede hacerlo ya sea un sacerdote o un laico.

Mi experiencia personal con el Exultet es especial. Lo he escuchado proclamado durante muchos años seguidos; cada año en la Vigilia Pascual me ha impactado por la fuerza del mensaje y por el entusiasmo con que es proclamado. Tanto me impactó, que recuerdo en el 2003 el deseo que tuve en las semanas antes de la Vigilia por escucharlo, y creo que desde ese año empecé a anhelar poder cantarlo un día. Por la incomparable bondad de Dios tuve la oportunidad de proclamarlo este año 2007 en un pueblo del norte de Costa Rica. Espero no olvidar nunca ese momento, lo practiqué durante toda la semana santa hasta llegar a la Vigilia. En el momento de cantarlo, una sola cosa me vino a la mente (más que el poderoso contenido espiritual): mientras lo cantaba, mi voz se unía a la de todos los que en el mundo estaban proclamando o habían proclamado ese mismo día el solemne anuncio de la Resurrección.

Me llama la atención lo diferente que fue cantar el Pregón de escucharlo. Uno de los principales símbolos que contiene (y toda la Vigilia Pascual) es el cirio, el cirio cuya luz bendice el Pregón y por la que ora para que no se apague. Siempre que lo había escuchado me había quedado especialmente grabada la frase: “Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.” Pero esta vez que me tocó proclamarlo en vez de escucharlo, la frase que más me impactó fue esta, una de las líneas finales: “Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo (al cirio), ese lucero que no conoce ocaso.”

He estado pensando en estos días de la Pascua, ¿por qué me quedó esa frase particular? El sábado al terminar la Vigilia volví a la casa y le dije al Señor: que en verdad el lucero de la mañana encuentre el cirio de la Iglesia encendido, que nunca perdamos el fuego de su Espíritu. Cada vez que lo escuché, el Pregón me hizo pensar en la obra de Dios por nosotros; la noche en que lo proclamé, sólo pude meditar en la misión que tiene la Iglesia como mensajera de la Buena Noticia. Por eso quiero escribir estas líneas.

El fin de este pequeño comentario es meditar un poco en la riqueza de la buena noticia de salvación que anuncia el Exultet y del peso de la responsabilidad que tenemos los cristianos que lo hemos escuchado. La idea con esta reflexión es pasar del abrumador poder del texto al irresistible poder del anuncio; de contemplar la gloria de la Resurrección a anunciarla a todas las naciones. Tan importante es una cosa como la otra, pero sin el anuncio, privaremos a muchos de la contemplación.

Vamos a ir leyendo el Pregón, hablando un poco de la Escritura y comentando algunas reflexiones. En mi reflexión personal he dividido el Pregón en secciones: el anuncio de la alegría, el anuncio de los acontecimientos, el anuncio de los símbolos, y la oración por el cirio. No sé si hay otras divisiones del Pregón, pero para mí su contenido calza completo en estos cuatro “momentos”, como una sinfonía que se divide en movimientos.

He usado la Biblia de Jerusalén para las citas bíblicas, otros libros citados aparecen en notas al pie a lo largo del texto.



[1] Cantalamessa, R. El misterio pascual, Edicep.

2 comentarios:

CAV dijo...

De veras que por dicha, como dijiste, no estamos en competencia; porque si fuera así vos irías ganando.
Aunque ya había leído el escrito completo hace dos años, releerlo ahora me resulta tremendamente inspirador. Creo que de veras captás de un modo especial la riqueza del Pregón y su impacto espiritual, litúrgico, teológico y poético.
¡Que oigás resonar las trompetas por muchas décadas! (Bueno, después las oiremos por días sin término.)

Pili Carmona dijo...

quiero más!! tendré que esperar a cada viernes de pascua? bu bu... el pregón es impresionante!! no sé si lo has escuchado en voz de Sejo, a mí me inspira demasiado, y como vos decís, ver el amor y la alegría con que es proclamado transmite esa alegría de resurrección a quienes lo escuchan. un abrazo