28 de marzo de 2009

La conquista de la ciudad - Parte 3

La semana pasada comenté una de las razones que para mí tiene más fuerza al evangelizar: puede ser la última oportunidad que una persona tenga de oír de Dios. La conquista de la ciudad empieza así: por lo sencillo (que no por lo fácil) y por descubrir lo urgente. La ciudad en la que vivimos tiene urgencia de conocer a Dios. Hoy quiero compartir la segunda razón que debería movernos a salir por la conquista de la ciudad.

En mi tiempo de universidad descubrí que la gente tiene muchas preguntas; y no sólo tiene preguntas, sino que además ha ido desarrollando respuestas. ¿Qué preguntas y qué respuestas? La verdad es que todo mundo tiene un concepto de Dios, casi siempre se trata de un concepto desarrollado a partir de lo que ha oído y de lo que ha vivido. Pero, aunque la gente se va desarrollando respuestas propias a las preguntas que tiene, todo el mundo está esperando que alguien les diga algo. La verdad es que, a nuestro alrededor en la ciudad en que vivimos, toda la gente está buscando algo en qué creer. Hoy la sociedad se jacta de ser incrédula, de ser escéptica, de ser cuestionadora; eso está muy bien, pero en su interior, la mayoría de la gente está buscando creer en algo. Nuestra sociedad no cree en nada, pero la gente se cree casi cualquier cosa que le digan. La sociedad de hoy condena los dogmas y es relativista, pero sentencia con afirmaciones absolutas y no acepta cuestionamientos a sus opiniones.

Esta fue mi experiencia en la universidad, en el famoso curso de Generales. Los profesores entraron el primer día bajo el estandarte de escuchar toda opinión y respetar toda posición. Sin embargo, cuando comenzaron los ataques a la iglesia (porque comenzaron) si alguien refutaba a los profesores entonces ellos se ponían a la defensiva. Aunque en la universidad se defendía la diferencia de opiniones, los profesores que tuve siempre dieron sus opiniones como verdades absolutas que nadie podía cuestionar.

No estoy diciendo que todo el que no es creyente es cerrado y terco, pero esto me demostró que mucha gente tenía en realidad miedo de que se le cuestionara. También aprendí que muchos profesores, extrañamente, no podían dejar de hablar y pensar en Dios. Y, por último, aprendí también que la gente adoptaba las posiciones de los profesores porque necesitaba que alguien les dijera algo, y ellos se lo estaban diciendo.

La ciudad está sedienta de la verdad; la ciudad anda buscando la verdad. Aunque muchos incluso dicen que la verdad no existe o es relativa, el hecho es que todo el mundo está sediento por conocer alguna verdad.

Si me preguntaran cuáles son dos razones fuertes para evangelizar y llevar a otros a Dios, diría que una es la urgencia que tenemos: mucha gente se está muriendo sin llegar a conocer a Dios, el tiempo se le está acabando a la gente y no conocen a Dios. Y la segunda es que la gente está realmente necesitada, está buscando, está sedienta de Dios.

La conquista de la ciudad no es sólo una cuestión de urgencia, es también una cuestión de que la ciudad lo necesita, y se estará muriendo mientras nadie se lance a conquistarla para Dios.

1 comentario:

Unknown dijo...

Me acuerdo de esas clases de generales Migue... Y concuerdo totalmente con estos dos puntos de la evangelización. Y lo que quisiera agregar es que ante todo nunca nos olvidemos de que la mejor forma de evengelizar es amar, eso lo escuché una vez de un sacerdote.
Y hablando del relativismo, una vez escuché una manera, supongo que hay muchas más, de echar abajo la teoría del relativismo (espero explicarme bien): si alguien afirma que "todo es relativo", entonces está tomando como su verdad absoluta esta afirmación; pero si la afirmación supone que todo es relativo entonces se bota a sí misma, ya que dice que es relativo que "todo sea relativo", por lo tanto no tiene sentido y si tiene que existir una verdad absoluta; espero que me hayan entendido....