7 de marzo de 2009

Esa locura que llamamos comunidad

Ayer fui a la casa de uno de mis amigos más cercanos aquí en Monterrey. Su casa es bien lejos de la mía, hay que cruzar una buena parte de la ciudad (no estoy seguro si aplica decir que está "al otro lado de la ciudad" pero es muy posible). Cuando estuve aquí por primera vez en el 2003, pasé tres semanas hospedado en su casa y ayer le dije que era como un regreso a casa, y lo más cercano a un regreso a casa que tendré en algunos meses. En algún punto de mi estadía ahí ayer, me puse a pensar qué estaba haciendo un tico, un josefino de Sabanilla por la Bamba, en esa casa de Monterrey. Si no fuera por esa locura que llamamos comunidad, sería la casa de un perfecto desconocido.
Y mientras escribo ahora en mi escritorio, al pie del Cerro de la Silla, en la Colonia Altavista a unos seiscientos metros del Tecnológico de Monterrey, es fácil preguntarme qué podría estar haciendo aquí, en este rincón del mundo, siendo totalmente de otro lado (repito, de Sabanilla por la Bamba). Si no fuera por esa locura que llamamos comunidad, diría que estoy totalmente perdido en Monterrey.
Pero lo cierto es que hace alrededor de 30 años Dios empezó una obra que derribaría las fronteras de este mundo. Aunque va creciendo la globalización y el mundo se va a haciendo más pequeño cada día gracias a medios como este (el blog), lo cierto es que en la Espada del Espíritu estamos años de años adelante de la globalización, hace treinta años ya nosotros vivíamos en un mundo infinitamente más pequeño que el que puede crear el internet.
Yo vivo en un mundo donde tengo casa en más de 30 ciudades alrededor de todo el planeta. Más que casa, tengo familias, amigos y hermanos en esos lugares. ¡Y a muchos ni los conozco! Cuando veo a los hombres que impactan la vida de cientos de jóvenes alrededor del mundo (John K, David M, gente así) pienso que, si no hubieran conocido a Dios, o no hubieran llegado a la EDE, serían muy buenos jefes de familia y perfectos desconocidos para toda la gente que los admira. Y así es con toda la gente que conozco aquí en Monterrey, con toda la gente que he conocido en la comunidad.
Si no fuera por esa locura que llamamos comunidad, no estaría viviendo en Monterrey con un guatemalteco, un hermano de Mexicali, un nicaragüense, un tejano, un hermano de Ensenada y sólo tres hermanos de Monterrey.
Es conocida la frase "qué pequeño es el mundo". Para mí no es tanto que el mundo sea pequeño, es que Dios ha hecho la EDE muy grande. Es bueno saber que, en los rincones del mundo más inesperados, hay un grupito de cristianos dando todo para que más gente conozca a Dios y se acerque a él.

2 comentarios:

Angel Sanchez dijo...

Bro, andaba por aca buscando el utilisimo link de la biblia que pusiste el otro dia, pero me gusto mucho esta nota. Ojala podas venir un dia a compartir con esta tu familia, aqui en tu casa en Honduras. Bendiciones

Gabriel V dijo...

Yo quería escribir algo a propósito de mi visita a Nicaragua este fin de semana, y como yo no tengo Blog!! pero bueno siempre nos pasa esto a mi hermano y a mi que el pensó parecido y ahora me da chance de escribir aunque seguro serán menos los que lean mi nota!:



Pues yo también fui testigo una vez mas de esta bendición de la vida en comunidad teniendo la oportunidad de asistir a la asamblea de CDD (en Managua), hospedarme en 2 casas distintas de comunitarios (en Managua y Chontales) compartir con muchos hermanos que conocía y conocer otros nuevos, estar en la boda de una querida hermana de alianza, y sentirme en todo momento como en casa, o tal vez hasta mejor que en casa!!! gracias a la atención que me brindaron! realmente Dios ha hecho cosas grándisimas en la EDE y es un honor ser parte de este pueblo. Ojalá nosotros, las nuevas generaciones podamos continuar y hacer crecer aún mas lo que nuestros antecesores lograron con la ayuda del Señor