"Jesús lo miró con amor y añadió: 'Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme." (Mc. 10:21)
Este fue el pasaje con que medité esta mañana en la oración. Normalmente cuando lo leemos pensamos en toda la cuestión de que el joven rico tenía mucho dinero y no quiso dárselo a los pobres. O pensamos en que era un hombre bueno, que no cometía falta alguna, pero que cuando Cristo le exigió amor y entrega entonces se fue triste porque tenía mucho dinero. Muchas veces podemos identificarnos con el joven rico y con lo mucho que nos cuesta darle a Dios lo que nos pide. Hoy en mi oración sólo le pedí al Señor una cosa, "Señor, mírame a mí con amor." El llamado de dejarlo todo es un llamado que Dios le da a los que ama. Si el Señor no nos diera esa mirada de amor que le dio al joven rico, si no nos viera con amor, entonces tal vez no tendríamos la gracia para vender todo lo que tenemos y dárselo a los pobres. ¡Pidámosle al Señor que nos mire con amor! Así nos va a pedir que lo dejemos todo, y nos va a llamar a tener tesoros en el cielo.
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