29 de octubre de 2008

El trabajo terminado

Como requisito para terminar mi universidad este año era necesario hacer el Trabajo Comunal Universitario (TCU), un espacio de contribución a la sociedad del país; el TCU no era una práctica profesional sino simplemente un trabajo de extensión a la comunidad.
El TCU en la universidad es un trámite complicado, en parte por la burocracia y en parte porque depende mucho de uno sin que haya alguien que le indique a uno lo que hay que hacer o a dónde ir. Desde el principio del año estaba consciente de que, si quería graduarme este año, tenía que esforzarme mucho por sacar el TCU de la mejor forma posible. Desde el principio le pedí a Dios que me ayudara en todo esto pues lo estaba haciendo para él.
Mi matrícula era por internet, aunque estuve muy pendiente de la fecha y la hora casi fue por casualidad que me di cuenta de cómo matricular. El día que me correspondía matricular, entré a la página, puse mi nombre y la página me mandó directamente a los TCU disponibles para mi carrera. Decía: "Filología Clásica: 1 cupo". Hice click al botón de "matricular" y de inmediato me salió una ventana que decía: "Matriculado". No tomó dos minutos.
Luego de eso fui a la oficina de TCU en mi escuela para asegurarme de que mi matrícula hubiera salido bien; había una fila de varias personas de mi carrera que no habían podido matricluar porque sólo había un cupo y ya había sido tomado cuando entraron a la página. La asistente del TCU, cuando supo que yo había matriculado por internet, me dijo: "¡Usted sí agarró cupo! ¡Qué buena suerte tiene, es demasiado difícil matricular por internet."
Asistí a la inducción del TCU, la institución en que estaba funciona como un contacto que vincula a los estudiantes con diferentes instituciones que necesitan voluntariado. Instituciones para ciegos, para adultos mayores, para niños de barrios marginados, y otras por el estilo. Yo decidí contactar un centro diurno de atención a adultos mayores en Cartago (1 hora de San José) porque ahí había mucha libertad para escoger lo que uno quería hacer. Mi propuesta a la directora del centro diurno fue hacer un taller de lectura y composición literaria para los adultos mayores. La señora primero me dijo que eso no iba a funcionar porque poca gente estaba interesada, ya se había intentado algo así y no había tenido mucho éxito. Pero otra de las encargadas dijo que lo intentáramos; se matriculó un grupo de doce personas que dividimos en dos grupos de seis.
Comencé a ir a Cartago en junio dos veces por semana, siempre orando y pidiéndole a Dios que en verdad me abriera las puertas en todo lo que fuera a hacer. La directora del TCU me dijo que con ese taller hacía medio TCU (150 horas) pero que tenía que pensar qué iba a hacer para la segunda mitad. Yo fui al centro diurno dos veces por semana, trabajé con un señor ciego que quería participar del taller y a quien me tocó leerle todo lo que íbamos a hacer; además él me dictó lo que él quería escribir como parte de la composición del taller.
De estos señores aprendí muchísimo, lo que más me quedó en el corazón era darle gracias a Dios por el simple hecho de poder subirme al bus sin necesidad de ayuda, por poder caminar a la velocidad que yo quisiera, por poder ir a donde sea sin tener que pensar en la limitación de la edad.
Conforme fue avanzando el taller los señores mostraron mucho entusiasmo, y un buen grupo que no se inscribió pidió que se les diera espacio a ellos. Hacia el final del taller, cuando ya iba a tener la mitad de mi TCU, los señores del taller pidieron que querían hacer dos obras de teatro y la encargada del centro me dijo que si lo hacíamos tenía que estar yo porque pocas veces había visto un voluntario que tuviera tanta paciencia y tan buena disposición con ellos. Yo jamás había creído que yo era paciente o dispuesto, creo que Dios abrió una puerta en el centro diurno.
La profesora del TCU me dijo que ela obra de teatro podía ser la segunda mitad de mi TCU, y me dijo que cuando termináramos los montajes yo estaba listo con las 300 horas. También me puso en contacto con un compañero que enseña teatro, y viajó conmigo durante ocho semanas más a Cartago para ayudarme a montar las obras.
El miércoles pasado los señores presentaron las dos obras, todo el centro diurno (unos 90 señores) los aplaudió y ellos dijeron que realmente habían disfrutado el tiempo que habían pasado en los dos talleres.
No mucha gente saca el TCU en seis meses, normalmente se puede tomar hasta un año completo. Yo no creo que yo haya hecho nada para hacerlo más rápido o mejor, la diferencia estuvo en que se lo ofrecí a Dios y le pedí que me acompañara y me ayudara en cada paso del TCU. Hoy doy testimonio de que, donde se lo pidamos, él nos abre puertas; pero siempre tenemos que cruzarlas por nuestra propia cuenta. Ofezcamos a Dios nuestros proyectos, nuestros trabajos, todo lo que tengamos, y él nos acompañará siempre que lo busquemos sinceramente.

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