14 de enero de 2010

Así que se fue, se puso a predicar

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios” (Marcos 1:14).

Leyendo el primer capítulo del evangelio de Marcos, después del bautismo del Señor en el Jordán, y de las tentaciones en el desierto, Jesús sale y proclama la Buena Nueva (el evangelio) de Dios. En estos días he ido notando cómo cada episodio relatado en el capítulo 1 de Marcos se caracteriza por contener estas dos acciones, y no dejo de sentirme invitado a hacer yo lo mismo.

En el versículo 17 Jesús llama a Pedro y Andrés, y llamará después a Juan y a Santiago; a los cuatro los invita a venir para ser pescadores de hombres. Los cuatro, dejando las redes y las barcas lo siguen. Van entonces a la sinagoga donde ocurre la liberación de un endemoniado. Con la autoridad que tiene, Cristo da testimonio de que está anunciando algo nuevo, algo distinto que ya no es solo ley sino que es también vida.

En el versículo 29 dice Marcos que Jesús salió de la sinagoga, y cura a la suegra de Pedro. Después de curar a mucha gente sale de madrugada para ir a orar a un lugar solitario. Cuando sus discípulos le dicen que todo el mundo lo anda buscando, él responde con sencillez: “Vayamos a otra parte… para que también allí predique, pues para eso he salido” (v. 38).

Jesús sale a recorrer toda Galilea predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. Sana también a un leproso al que le manda severamente no decir nada sino ir simplemente a hacer la ofrenda en el Templo. “Pero él, así que se fue se puso a pregonar con entusiasmo…”

Salir y anunciar, ¿no es eso lo que el Señor le mandó a sus discípulos en todo momento de su vida pública? ¿No fue eso lo que les dijo aún antes de ascender a los cielos? ¿No es eso lo que nos sigue diciendo hoy, en el mundo en que vivimos?

Pero nosotros insistimos en quedarnos adentro y quedarnos callados. Nos quedamos adentro: adentro de nuestras casas, de nuestros trabajos, de nuestros estudios, de nuestros deberes, de nuestros temores… adentro de nosotros mismos. Y nos quedamos callados, dejando que otros hablen, que sean otros los que anuncien y que sean otros los que marquen la pauta.

No fue a eso a lo que nos llamó Cristo. Él tenía claro que había salido para proclamar la Buena Noticia. Nosotros también hemos salido de una vida de esclavitud y de egoísmo, para poder proclamar a otros la Buena Noticia. Por eso hoy, en un día cualquiera de la cotidianidad de nuestra vida y al comienzo de un año nuevo, propongámonos también nosotros salir y proclamar al mundo entero que Cristo ha venido al mundo para “iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, y para guiar nuestros pasos, por el camino de la paz.” (Lc. 1:79).


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