15 de diciembre de 2009

El Señor protege al forastero

Las palabras del salmo 146 son, sin duda alguna, la principal lección de este año que se termina. Mi vida este año dio un giro radical con mi venida a Monterrey. Este ha sido un año en que he visto cómo Dios actúa en tantos lugares de formas tan diversas, y en que he podido ser testigo de la fidelidad de Dios para con sus hijos.
No fue un año fácil, fue un año lleno de retos en todas las áreas de mi vida. Nunca había vivido afuera de mi país, y nunca había tenido que valerme por mí mismo en tantas cosas de la vida cotidiana. Fue un año de aprender verdaderamente quién soy, y de conocerme más para entender mejor la voluntad de Dios para mi vida.
Dios no se guardó sus regalos ni sus viajes sorpresa. Estuve en San Miguel de Allende en julio, donde pude palpar la protección de Dios por el huérfano. En verdad, Dios no se deja nunca superar, no deja que el mal venza al bien; siempre que el hombre peca y hace el mal, para daño de muchos, Dios vence al mal con el amor que viene de la generosidad de muchas personas. También estuve en Mexicali, donde volví a ser testigo de la gran bendición que es nuestra vida en la Espada del Espíritu, y cómo en cualquier rincón del mundo, hay siempre un grupo de personas que ama a Dios y que se esfuerza por que muchos más lo conozcan.
El Señor me permitió este año compartir con mis papás de una forma nueva que antes no conocíamos: las visitas suyas a la ciudad en que vivo. También me permitió vivir las celebraciones del 30 aniversario de la comunidad Jésed, y ser testigo de como el amor misericordioso de Dios se extiende generación tras generación.
De muchas formas, y a través de diferentes situaciones, Dios me ha permitido este año crecer en mi relación con él, y le doy gracias por eso.
Este año he sido forastero, pero he visto cómo Dios da protección al forastero, y nunca deja de cuidar a sus hijos, estén donde estén.
Espero que el 2010 sea un año lleno de bendiciones para todos. Un año en que podamos hacer crecer nuestra fe de que Dios viene pronto, y de que viene a restaurar todo aquello que no ha salido bien en nuestra vida, y en nuestra historia.

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