Entre el 11 y el 21 de setiembre estuvieron aquí en Monterrey mis papás, lo cual fue una gran bendición. Ellos vinieron en el contexto del Consejo Regional Iberoamericano de la EDE y lo principal de su viaje fue estar en muchas reuniones. Como sea, Dios nos dio el espacio para compartir en diferentes momentos.
El lunes 14, los Quinto (muy hospitalarios, excelentes anfitriones y amigos) nos llevaron a mi papá y a mí junto con otro de los coordinadores a ver algunos puntos del centro de la ciudad. Ahí aprendí un poco de historia de la ciudad en la que vivo y definitivamente pasamos un rato muy agradable con ellos. La foto con mi papá es con el Cerro de la Silla y el sur de Monterrey a nuestras espaldas.
El fin de semana hubo un momento muy importante para toda la comunidad Jésed, cuando celebramos el 30 aniversario de vida comunitaria. El viernes por la noche hubo una asamblea solemne con la presencia de todos los participantes del Consejo Regional, y el sábado hubo una misa y una cena de gala. Verdaderamente fue muy impresionante ver a toda la comunidad y a tantos visitantes reunidos para celebrar la obra de Dios en 30 años de vida en Alianza. La comunidad no escatimó nada para su celebración y la cena de gala del sábado fue una gran fiesta con videos, canciones, buena comidad y hasta baile al final.
Durante la semana, participé como traductor en las reuniones del Consejo Regional. Como lo hizo el año pasado en Santo Domingo, el Señor me permitió ver con mis ojos el esfuerzo de tantos hombres y mujeres que se desviven por hacer la voluntad de Dios y por intentar que muchos otros lo conozcan y vivan una vida de libertad junto a Él. Me impacta profundamente ver a los coordinadores y a las mujeres líderes de nuestra región en su gran esfuerzo por servir a Dios y por construir comunidad, respondiendo a la invitación que Dios les hizo hace más de 30 años. Es un reto para nosotros, las nuevas generaciones, llevar adelante esta obra con el mismo celo y la misma convicción que nuestros padres.
Hoy, una semana después de que todo el trajín de esos días ya pasó, puedo sentarme a darle gracias a Dios porque en verdad ha sido un Dios fiel y misericordioso, y porque, como dice el salmo 146, el Señor da protección al forastero. En estos siete meses que llevo aquí, puedo dar testimonio de eso.
Como oramos en la asamblea de aniversario, si el Señor no hubiera hecho todo lo que ha hecho por nosotros y solo nos hubiera dado una pizca de su amor, ya habría sido bastante para nosotros.
3 comentarios:
Gracias Migue, es muy bonito recordar lo bien que lo pasamos. bien decís que estábamos con muchas reuniones pero Dios nos dió espacios para compartir.
Disfruté mucho la salida del domingo
Dios es bueno, qué dicha que pudiste estar un tiempo con tus papás. Qué bueno que la comunidad cumplió 30 años, una muestra más del amor de Dios.
A todo esto, sólo me queda una duda, en cual silla te sentaste cuando decís que te sentaste a darle gracias a Dios por todo esto??
Un abrazo
¡Pero Pili! En la silla del Cerro, por supuesto.
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