Bueno, estuve durante toda la semana pasada en San Miguel de Allende, Guanajuato. Trataré de explicar rápidamente algunas cosas sobre el viaje de misión y pondré algunas fotos. Más tarde espero subir todas las fotos por si alguien quisiera verlas.
La misiónLa misión fue con un grupo de adolescentes (10 hombres y 10 mujeres) a dos casas hogar que tienen unas monjas dominicas en San Miguel de Allende. Las casas hogar son para niños de bajos recuros que han sido abandonados por sus familias o a quienes sus familias no pueden mantener.

(Es una casa para los niños y una para las niñas). Ahí hay niños entre 1 y 12 años, y las madres les dan alimento, techo, ropa y algunos cuidados básicos. Además ellas los mandan a la escuela (no les dan clases) y los preparan para que puedan continuar su vida como adolescentes en otra casa en la ciudad de León. Es impresionante ver a los niños y oír las historias que tienen. Son niños muy pobres y muy necesitados, pero tienen muchísimo cariño que dar y siempre te abrazan y te sonríen y te agradecen. Con ellos estuvimos de martes a sábado. Entre jueves y viernes los llevamos de campamento a una finca que nos presta un señor en San Miguel. Es toda una granja con ovejas, vacas, caballos y no sé cuántas hectáreas de sembradíos. En el campamento la idea es tener un espacio diferente para que los niños se recreen y pasen un tiempo que les guste. Creo que lo más importante fue poder ver cómo ellos agradecen el tiempo que uno les dedica. Se divierten con cosas sencillas, no son muy complicados, y lo único que tienen y necesitan es cariño. El sábado tuvimos una fiesta con ellos y las niñas de la otra casa hogar y con gente de la comunidad que hay en San Miguel de Allende. Estas son esas experiencias que a uno le abren los ojos sobre la necesidad que hay en el mundo, pero también sobre la respuesta de Dios que cuida de los más pequeños. En todo el tiempo pensé mucho en cuánto me ha bendecido Dios con el simple hecho de tener una familia. También me acordé mucho de mi buen amigo Juan Carlos Oviedo, creo que le habría gustado mucho ese lugar. Es muy interesante ver los diferentes comportamientos de los niños y cómo cada uno reacciona a las cosas. Es impresionante pensar que cada uno está marcado por un pasado muy oscuro, pero que Dios ha puesto delante de ellos un futuro más esperanzador.
El viaje
El viaje fue de 7 horas desde Monterrey a San Miguel. Nos llevó a través de buena parte del estado de Nuevo León, así como Coahuila, San Luis Potosí y luego Guanajuato. La geografía cambia mucho y el desierto queda atrás para dar paso a una llanura muy parecida a la de Guanacaste. El clima ya en San Miguel fue muy fresco y con lluvias: un verdadero respiro. Conocimos además el centro de San Miguel que es patrimonio de la humanidad y es una ciudad muy muy antigua.

Ahí la iglesia de la parroquia es muy impresionante, y las calles tienen un aire colonial muy bonito: calles muy estrechas con ladrillos y casas altas. Es además un centro histórico para México y su independencia. Pasada la misión estuvimos en San Luis Potosí, en una casacada que se llama "El Puente de Dios" que normalmente es un salto de 22 metros de alto. Nosotros íbamos a hacer el salto pero no nos dejaron porque había llovido y la corriente estaba muy fuerte. Yo no sé si me hubiera atrevido a saltar, pero iba mentalizado en intentarlo. El clima ahí era más bien húmedo, como estar en Atenas. En el viaje de vuelta pasamos por un tramo muy parecido al cerro del Aguacate: con muchas curvas y con montañas muy verdes a ambos lados de la carretera.

Claro que mucho más largo. Ya más hacia el norte pasamos por algunos lugares donde veíamos tornados haciéndose en el camino. Uno de ellos se hizo especialmente grande (tampoco se imaginen Twister) y se metió en la calle. Claro que no nos pasó nada, gracias a Dios.
La lección
Los niños hacen todos los días una oración para bendecir los alimentos. En ella dicen: "La divina providencia hace que nunca nos falte paz, casa, vestido y sustento". Esta es nuestra verdad. Dios decidió que nunca nos falten estas cosas. Nosotros no hicimos nada para nacer donde nacimos, Dios escogió que no nos faltara nada. Si podemos leer este blog ya estamos en condiciones mucho mejores que las de los niños en la casa hogar. Y todavía a ellos Dios también decidió que no les faltara nada. Por sus familias que los abandonaron, Dios les dio más familias, más hermanos, más madres, más ropa, más alimento y más alegría de la que hubieran tenido. Dios no se deja superar, nunca se deja vencer por el mal. Hoy, démosle gracias a Dios por todo lo que tenemos nosotros y nuestros seres más queridos (pienso en mi sobrino, en mi primito Gabriel) y pidámosle a Dios que nos dé un corazón agradecido y generoso para con los más necesitados.
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