El otro día critiqué muy fuertemente a un periodista de la Nación que tranquilamente cambió un titular en internet sin decir nada. Cuando entré la primera vez a la página, decía "Cancelación de Romería rompe tradición de 356 años". Y cuando entré más tarde, veo con sorpresa que dice "Cancelación de Romería rompe tradición de 227 años". Entendí que sería un error de dedo o de cálculo, y esperaba que el artículo trajera algún tipo de corrección, pero no; simplemente lo cambiaron como si nadie se diera cuenta. Le escribí un correo al periodista pero no me contestó. Y siempre pienso que si uno critica algo no puede luego hacerlo.
¿Y por qué comento esto? Pues porque yo por mi parte cometí un error en la entrada sobre San Miguel de Allende. Hablé de la catedral y puse una foto, pero hoy fui corregido por mi muy buen amigo Sergio Quinto, que me dijo que no era una catedral, sino una parroquia. "Eso explica por qué no vi al obispo", fue mi respuesta.
Al corregir la entrada de San Miguel de Allende, no quiero hacerlo simplemente como para que nadie se dé cuenta, quiero que también los lectores se enteren de la corrección que me hicieron. Así que no es catedral, sino parroquia la que sale en la foto.
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