Pues mientras escribo me preparo para la última clase de mi carrera. Hace unos minutos estaba pensando que definitivamente es más divertido graduarse de quinto año del colegio, que terminar la Universidad.
En estos cuatro años en la universidad he aprendido más sobre la vida que sobre mi carrera, más sobre la gente que sobre mi materia de estudio, y más sobre mí mismo que sobre cualquier información que me hayan dado durante los cursos que llevé.
La gran lección de la U es que el mundo necesita a Dios, que la gente lo anda buscando por todas partes y está realmente deseosa de encontrarlo. Lo vi desde el primer día, en mi primera clase de Generales y lo he visto todavía ayer, reunido con un grupo de compañeros haciendo un trabajo. Muchos profesores (como lo dije en una entrada anterior) hablan y hablan sin parar sobre Dios. Lo mencionan en todas sus clases, intentan atacarlo dejando claro cuánto piensan en Él. Los estudiantes llegan esperando que los profesores los influyan, esperando que les digan cosas que puedan creer. Si el profesor en el primer día de clases en la universidad les hablara sobre Cristo, seguramente los marcaría; sin embargo cuando les hablan en contra de Dios, los alumnos comienzan a creer todo lo que les digan porque desean sobre todas las cosas que alguien les diga algo sobre Él, no importa qué.
En estos años en la universidad aprendí cuántas cosas en el mundo nos distraen de lo verdaderamente importante. Todo mundo anda preguntándose cómo ganar más plata, cómo tener una mejor vida, y nadie piensa que esas cosas también se terminan. Se hacen tesoros que no podrán llevarse con ellos. No es sólo el dinero o el deseo de tener, es también el deseo de figurar, de tener una posición visible entre la gente, de hacerse famoso. Estas cosas no son malas, son deseos naturales del hombre, pero así nos olvidamos de querer agradar a Dios y de vivir para Él.
En Él encontré mi verdad, y descubrí que mi carrera es algo bueno, pero algo secundario en mi vida. En estos años de U descubrí que mi verdadero interés es servirlo a Él y dedicarme a Él. Aunque la carrera la disfruté, dedicarme a lo que estudié es algo secundario, a lo que quiero dedicarme es a lo que Dios me pida que me dedique. Estoy muy agradecido con Él por la oportunidad de estudiar, y seguramente mi vida tendrá muchas oportunidades para ejercer todo lo que he aprendido. Pero, si nunca la ejerciera, mientras logre servir a Dios en lo que Él me pida, mi vida será completa.
En este tiempo en la universidad aprendí lo fácil que puede ser hacer amigos en el mundo. No hay que complicarse mucho, la gente no necesita amigos muy comprometidos. Pero también aprendí la diferencia que puede hacer el preocuparse por sus amigos, amarlos como hijos de Dios aunque ellos no conozcan a Dios. Hice unos cuatro o cinco muy buenos amigos en este tiempo en la universidad, y creo que vale la pena buscar esas amistades porque es una oportunidad para que otras personas conozcan la luz de Dios.
Fueron cuatro años muy buenos en la universidad, le doy gracias a Dios por ellos y le pido que me ayude a vivir en adelante poniendo en práctica aquello que aprendí.
La próxima semana será para exámenes finales y trabajos. Luego se habrá terminado definitivamente una etapa de mi vida.
Gloria a Dios.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario