29 de abril de 2010

Un hombre para tiempos de crisis


El que diga que la Iglesia Católica se encuentra en una crisis severa demuestra que ha leído muy poco de nuestra historia. Estos tiempos de persecución mediática, de indiferencia fingida, de discriminación sistematizada y de relativismo falso son apenas una sombra de tiempos más difíciles, cuando la Iglesia realmente estaba atravesando momentos coyunturales de su historia.

En el siglo XVI la Iglesia estaba enfrentando problemas de una seriedad y naturaleza muy distintas a los que enfrenta hoy. Entonces la Reforma Protestante estaba en su momento cumbre, el Imperio Otomano bajo el estandarte del Islam estaba en guerra abierta contra la Cristiandad en Oriente, y la Iglesia vivía corroída por los zánganos que se aprovechaban de su poder político solo para conseguir sus propios deseos personales.

En ese contexto, en el año 1566 fue elegido Papa Antonio Michele Ghiselieri, quien tomaría el nombre de Pío V. Era un fraile dominico, hombre de oración, celoso guardián de la sana doctrina y modelo ejemplar del ideal de su orden. Antes de ser Papa, ya había destacado por su enérgico rechazo a la ligereza con la que vivían muchos obispos y cardenales de su tiempo, y había portado el estandarte de la Inquisición habiendo llegado a ser el Gran Inquisidor de toda la Iglesia. -Cabe aquí decir que esta palabra es una espada de doble filo a la que se le ha dado un tono totalmente negativo y casi satanizado, bajo la persona de Pío V, sin embargo, la Inquisición más que una ciega perseguidora de todo lo no católico, era realmente un instrumento de purificación y saneamiento para la Iglesia.

Al ser elegido Papa, Pío V no dio su brazo a torcer ni cambió su postura de fiel observante de la doctrina evangélica. Leyó la Reforma Protestante no como una herejía necesariamente, sino como una advertencia contra todas las impurezas que habían contaminado a la Iglesia. Ordenó muchas reformas a los obispos para que vivieran una vida de verdaderos pastores, saneó los Estados Pontificios y la vida alrededor de la figura del Papa y llevó adelante el magisterio del Concilio de Trento. Defendió y protegió el celibato sacerdotal, y se esforzó por dar un ejemplo de sencillez, de servicio y de oración en todo momento.

Como hombre de política demostró estar a la altura de los tiempos. Pío V fue caudillo de los líderes cristianos contra el azote otomano, arengando y empujando a la Liga Santa que lucharía y ganaría la Batalla de Lepanto en octubre de 1571. Durante esta batalla, Pío V se aseguró de poner a orar a toda la ciudad de Roma porque sabía que la guerra iba más allá de lo político.

Pío V fue un hombre para la crisis de su tiempo. Benedicto XVI ha sido un hombre para la crisis de nuestro tiempo. Sucesor de Pío V en la Silla de Pedro y antes también como guardián de la Doctrina de la Fe, Benedicto XVI se ha asegurado de ayudar a la Iglesia a digerir el magisterio del Concilio Vaticano II, y el magisterio del gigante que tuvo por predecesor. Benedicto XVI ha sido un fiel centinela de la figura del sacerdocio, un guardián de la doctrina del Evangelio y un hombre que no cambió su postura firme cuando asumió el papado. Muchos católicos siguen viviendo bajo el papado de Juan Pablo II, sin entender muy bien el peso de nuestro Papa actual; pensando que, como no tiene una voz poderosa y una retórica asombrosa, no es un gran Papa. Sin embargo, es el hombre a quien Dios puso para guiar a nuestra Iglesia en los tiempos de hoy.

También nosotros somos a los que Dios escogió para defender y dar testimonio de la fe en los tiempos en los que vivimos. En la incertidumbre de ciudades dominadas por el miedo, de países seducidos por el relativismo y la secularización, de una sociedad rendida ante el dogma del periodismo, es para ese tiempo que Dios nos puso aquí y nos llamó a seguirle. En el día de san Pío V, pidamos a Dios que nos dé la gracia para ser los santos de nuestro siglo.

2 comentarios:

Sejo dijo...

Que gusto leer la palabra firme y clara con la que nos transmitís confianza en este momento difícil que vivimos como Iglesia.

Concuerdo con vos que no es ni asomo de las grandes crisis que ha tenido que resolver la Iglesia y que guiada por el Espíritu la resolverá en su momento. Igualmente concuerdo con que tenemos un gran hombre de Dios en la silla de Pedro, aunque me hubiera gustado que presentaras más argumentos sobre el por qué lo considerás un gran pontífice.

En lo personal veo en esta crisis, como lo llaman los orientales, una oportunidad grande de crecimiento en la Iglesia. Sobre todo luego de que el Vaticano II quiso devolverle a la teología su fundamento escriturístico (OT 16) y menos basando en la filosofía, creo que la Iglesia enfrenta una tarea en su teología moral de frente a la cultura actual. Esta crisis no es de pensamiento o dogma, sino que fiel a la postmodernidad que nos caracteriza, es una crisis de la moralidad en torno a la sexualidad: Celibato sacerdotal, paidofilia, matrimonio homosexual, aborto, relaciones prematrimoniales, matrimonios en segundas nupcias... ¿cómo dialogar con el mundo de hoy en estos temas? ¿cómo quitarnos el lastre estoico y redescubrir el mensaje de la Escritura en torno a la sexualidad?

No pretendo tener las respuestas pero por ahi va mi lectura hoy de lo que estamos viviendo

Prof. Gabriela Solano Rosales dijo...

Me alegra mucho Miguel leer este comentario. Yo deseo con todo mi corazón que usted y yo y todos los que hemos sido llamados seamos los santos y santas de este siglo.
A seguir escribiendo que eso nos edifica muchísimo a todos.
Bendiciones!!!!!!