15 de agosto de 2009

Una sola palabra

Comenzando agosto ha empezado a cambiar el ritmo de vida no sólo en la casa sino también en mi horario personal. No será hasta setiembre que comience oficialmente el periodo de formación como siervo; pero ya comienzan a caer, como gotas que anuncian un aguacero, las diferentes responsabilidades que habrá durante el semestre. Lo que me tomó por sorpresa, pero que recibo con alegría, es que a partir del jueves comencé a recibir el entrenamiento como brechista, y estaré participando en este programa durante todo el año 09-10.
El programa de misioneros voluntarios en la brecha ha sido siempre un desafío esperando al final (o al principio) de la universidad de muchos miembros de nuestras comunidades en la Espada del Espíritu. Es un programa en que uno ofrece un periodo de 6 meses, un año o un año y medio para servir al Señor tiempo completo en la misión de la comunidad y casi siempre en una comunidad distinta a la que uno pertenece. He conocido muchos brechistas, he conocido mucha gente que se quiere ir de brecha, y he conocido mucha gente que se le olvidó que quería irse de brecha y nunca se fue. La verdad es que siempre le he tenido mucho respeto y admiración a los brechistas, por la generosidad que tienen de dar un año de su vida para servir al Señor. Y siempre me ha dolido darme cuenta que, gente que habló maravillas de la brecha, cambió su proyecto de vida y descartó su posibilidad de ir de brecha como si se le hubiera olvidado que podía hacerlo. Ya desde antes de yo mismo convertirme (casi por sorpresa) en brechista, he siempre animado a mis amigos a que se unan a este programa. No tenemos ninguna excusa, cualquier pretexto que podamos poner Dios lo supera y nos deja sin motivos para rehusar de este año de misión. Pero, como sea, es un programa de voluntarios, que seguirá recibiendo sólo a aquellos que verdaderamente estén dispuestos de corazón a ir.
En el entrenamiento ayer nos dieron una charla sobre la identidad de siervos que debemos tener todos los que creemos en Cristo. Una actitud de estar dispuestos a servir siempre y en todo lugar al Señor. Y el charlista dijo algo que me conmovió: con solo un sí, podemos ser transformados en imagen de Cristo.
Hoy, que la Iglesia recuerda el testimonio de María, pensaba en esto. Solo una palabra bastó para que la humanidad entera se elevara al cielo y se revistiera de la divinidad de Dios. Solo una palabra basta en nuestra vida para que seamos hechos iguales a Cristo. Con solo que en este momento le digamos sí al Señor, él nos transformará en su imagen perfecta para que podamos llevar la luz de Dios a otras personas. Claro que es difícil y no es una cuestión mágica, pero es que lo único que se necesita es un sí honesto y de corazón. Digámosle que sí al Señor. Digámosle que sí nos transforme, que sí cambie aquellas cosas de nosotros que no le gustan, que sí nos haga como su Hijo amado. Digámosle que sí queremos ser revestidos de Cristo. Solo una palabra le basta a Dios para transformarnos, solo una palabra basta para que el mundo entero sea transformado. Digámosle al Señor que sí.

1 comentario:

juan Carlos Oviedo Salazar dijo...

ANIMO MIGUE. LA FORTALEZA TE LA DA EL SEÑOR