31 de diciembre de 2008

Oro en vez de metal

El año se termina como suelen hacerlo los años en Costa Rica: con ese cielo despejado que me trae nostalgia y que me hace sentir el deseo de estar en algún otro lado que no sea mi cuarto; y con ese sentimiento de que la vida va avanzando más rápido de lo que puedo entender.

Quisiera poder resumir todo el año en una frase, en alguna frase que el Señor me haya dado este 2008. La frase tiene que ser “calla y contempla que yo soy Dios, yo te doy oro en vez de metal”. El Señor este año me pidió que sólo lo contemplara actuar, ¡y cuánto lo he visto actuar! Y me dio que me daría oro en vez de metal, mi carne sigue buscando metal, pero el Señor me sigue dando oro contra todo pronóstico.

El 2008 es imposible de resumir. Fue más intenso de lo que esperaba, más impresionante de lo que esperaba, más difícil de lo que esperaba y más lleno de bendición de lo que esperaba.

Tuve un VEM como ningún otro, en que el Señor me dio Chontales en vez de Zarcero. Viví cuatro meses en Casa de Hermanos en vez de en mi casa. Fui a República Dominicana en mayo, viajé en vez de pasar todo el año aquí. Estuve en una casa temporal donde tuvimos tres nuevos afiliados y el Señor renovó mi vida como siervo. Tuve un gran año con mi familia donde el Señor nos regaló momentos especiales en vez de divisiones. Terminé el TCU y saqué los trámites universitarios y migratorios en vez de quedarme atascado en esto por muchos meses. El Señor me regaló una nueva hermandad con hombres que jamás habría imaginado, hombres que estaban ahí siempre y que simplemente no los conocía, hombres que tal vez no me consideren su hermano pero a quienes veo como puestos por el Señor para acompañarme en mi camino hacia Él: a mi primo Óscar y sus amigos. El Señor en vez de quitarme hermanos me dio nuevos.

Todo este 2008, el Señor me dio oro en vez de metal. Experimenté luchas mentales, físicas, espirituales y emocionales que jamás en mi vida había tenido y que nunca me habría esperado. Y el Señor me dio victoria en vez de derrota. Me dio paz en vez de confusión, me dio confianza en vez de temor.

Cuando pienso en este año no sé ni por dónde empezar ni por donde terminar. El Señor simplemente me regaló un año que jamás me había imaginado y siempre con esa certeza de que todavía me puede llevar más profundo, y más arriba hacia su corazón.

El 2008 fue oro en vez de metal de parte del Señor. Y mientras yo buscaba metal, el Señor no me ha dejado de dar oro. Le doy las gracias, no tengo mucho que decir o explicar que no redunde en esto. Willy Morales me dijo hace tres años que nunca le ponga límites al Señor; si este año fue tan impresionante, no puedo ni imaginarme lo que será el próximo año. Si el Señor quiere que el 31 de diciembre del 2009 pueda volver a sentarme a leer sobre todo ese año, entonces solo le pido una cosa: Señor, no dejes incompleta la obra de tu amor. Y sé que no lo hará.

La mejor forma de expresar lo que siento en este momento, y de resumir mi año, es con el salmo 103.

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides nunca sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

el rescata tu vida de la fosa,

y te colma de gracia y de ternura;

él sacia de bienes tus anhelos,

y como un águila renueva tu juventud.

El Señor hace justicia y defiende a los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

no está siempre acusando

ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,

se levanta su bondad sobre sus fieles;

como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos.

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él sabe de qué estamos hechos,

se acuerda de que somos barro.

Los días del hombre duran lo que la hierba,

florecen como flor del campo,

que el viento roza y ya no existe,

su terreno no volverá a verla.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos:

Para los que guardan su alianza

y recitan y cumplen sus mandatos.

El Señor puso su trono en el cielo,

su soberanía gobierna el universo.

Bendecid al Señor, ángeles suyos,

poderosos ejecutores de sus órdenes,

prontos a la voz de su palabra.

Bendecid al Señor, ejércitos suyos,

servidores que cumplís sus deseos.

Bendecid al Señor, todas sus obras,

en todo lo lugar de su imperio.

¡Bendice, alma mía, al Señor!

1 comentario:

Óscar dijo...

No sé qué decir, excepto que yo sí te considero mi hermano en varios sentidos y que este año deja nuestra amistad como uno de los eventos más importantes. Claro, ahora que nos hacemos mutuamente necesarios, te vas. Qué vida.