Lucas 15:31 - "Pero él le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo…"
Estaba escuchando a un hermano y amigo tocando el piano en una asamblea de oración de universitarios y me dije, "¿por qué no pueden mis hermanos de otras comunidades escucharlo a él tocando, para que vean lo bueno que es?" Entonces me di cuenta que ese don que él tiene, es mío también, y que todas las cosas buenas que tienen todas las comunidades de la Espada del Espíritu son mías aún cuando yo no viva en esas comunidades ni "saque provecho" de esas cosas cuando no estoy en ellas.
Entre el 21 de junio y el 21 de julio del 2010 el Señor me regaló la oportunidad de estar en seis comunidades diferentes. En los últimos doce años, he estado en muchas comunidades más. Y no tengo ningún afán aquí de presumir esto. Pero, si algo se escucha de una comunidad a otra, y si algo dicen aquellos que han ido a otras comunidades y vuelven a servir en la suya propia es: ¿por qué no hacemos aquí lo que hacen allá?
Muchas veces yo mismo me hice esa pregunta. Y muchas veces incluso propuse cosas para "hacer aquí lo que se hace en otro lado". Y muchas veces salí también con la respuesta del libreto: "es que esa no es la necesidad de esta comunidad en particular". Y mientras me hacía una pregunta parecida en esa asamblea de oración, el Señor me respondió de manera amorosa como el padre del hijo pródigo le responde a su hijo mayor: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es una gran bendición pensar que en Ecuador y en Costa Rica los adolescentes tienen actividades evangelísticas, todo el año; pensar que en México los programas de adolescentes se dividen por edades, o que en algunas comunidades los universitarios oran el ángelus en el campus, mientras que en otras tienen asambleas de alabanza cada último viernes de mes. Es una bendición pensar que en una comunidad la gente da palabras de conocimiento, mientras que en otra los niños proclaman al Señor, y en otra los hermanos se dan la bendición al terminar la asamblea. Es una bendición pensar que en una comunidad hay casa de hermanos y de hermanas, mientras que en otra hay un condominio de puras familias de la comunidad, y otras comunidades son tan grandes que los sectores se dividen en zonas regionales.
Y todas estas cosas, aunque en mi comunidad no hubiera nada de eso, son mías porque el Señor me las ha dado a través de la alianza que tengo con todos mis hermanos en esas comunidades.
Como las personas, cada comunidad tiene carismas particulares, también cada comunidad tiene una identidad particular que responde a su necesidad histórica y a la idiosincrasia de aquellos que la conforman. Por eso, el primer error nuestro es querer que nuestra comunidad sea "igual a otra" (trato de pensar que nadie quiere que su comunidad sea "mejor que otra"). En un grupo pastoral, todos los miembros son muy diferentes y traen historias diferentes, y cada uno debe buscar dar su propio aporte de acuerdo con los dones que Dios le ha dado, pero siempre buscando todos perseguir el mismo objetivo. Lo mismo ocurre a nivel de las comunidades. Y en un tiempo en el que muy fácilmente la gente pasa de una comunidad a otra, por veranos en misión, brechas, conferencias, o simplemente vacaciones, muchos vuelven a sus comunidades pensando que si las cosas se hicieran como en otro lado, serían mejores. Es cierto, vale la pena aprender de los demás e imitar aquello que es bueno; pero no vale la pena vivir frustrados porque en nuestras comunidades no se hace lo que en otros lados. Esto es no entender que aquello que se hace en otra comunidad, es mío también, por la gracia y la bondad de Dios.
Mañana, en la oración personal, digámosle al Señor: Gracias, Padre, porque todo lo tuyo es mío.
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